Crónicas de un argentino promedio en busca de un cofre de tesoro, armado con un mapa que recortó de una caja de Zucaritas.

enero 27, 2005

NO MAN´S LAND (Puerto Palmas) #2

FECHA: 27 ENE 2005
DIA: 81
PAIS: Colombia
CIUDAD: Puerto Palmas
KM. RECORRIDOS: 12021

LA ODISEA (Parte #2)

(Fragmentos del capítulo anterior)

Todo comenzó el pasado 25/1 a las 10AM.

Al rato de haber abandonado la terminal, unos tipos mayores que yo estaban jugando al carnaval con baldes llenos de agua de mar. NO tuvieron mejor idea que empapar a través de la ventana a los que viajábamos en el bus. Como tenía TODAS mis pertenencias encima, no se salvó nada. Pasaporte, Discman, celular, todo empapado!

Cuando hice check in en el (me da calor decirle) hotel, me desayuné con el problema de la falta de casas de cambio y cajeros automáticos.

Un oficial de migraciones de Ecuador estaba esperando en el muelle para sellar pasaportes. Le di el mío y salté a la embarcación con todos mis bártulos.

Compartí el viaje con un grupo de locales. Fueron dos horas en donde navegamos por un canal lleno de islotes conformados por diversa vegetación. El canal tiene infinitas ramas que se abren en todas las direcciones. Quedé maravillado por la cara de embole del "capitán" de la embarcación mientras nos sorprendía tomando ramas a izquierda y derecha. Un capo.

El viaje finalizó (es una forma de decir) en Puerto Palmas, Colombia. Si bien tiene un nombre muy marketinero, PP es un lugarcito donde hay una cosa que si bien es muy optimista denominar muelle, no se con que otra palabra describirlo. Al final del muelle, una carretera de ripio.

Como en todo país bananero (como el nuestro), parte del paisaje son los locales desempleados que simplemente se sientan en las puertas de sus casas a ver pasar a la gente. Ese tipo de moncho que usa un musculosa agujereada y chancletas, pero con medias!

Bueh, ninguno de estos buenos hombres pudo evitar cagárseme de risa cuando les pregunté en donde estaba la oficina para sellar mi pasaporte como ingreso a Colombia.

Los locales y yo cubrimos la distancia hasta la carretera y nos sentamos a esperar el bondi mientras nos comían los mosquitos. Corrección: nos sentamos a que nos comieran los mosquitos mientras llegaba el bondi.

Bondi? JA. Eso si que me hace reir al recordar. Como una hora más tarde (o 750cc de sangre menos), cayó lo que ellos denominan el flete. Es un tipo con un mionca. Negocias el precio en base a los bultos que llevas y te lleva al único destino posible.

Después de las pertinentes negociaciones, nos subimos al mionca que, ríanse, tiene servicio de cambio de moneda a bordo: cortesía de el chango conocido como Chilavert. Le cambie unos verdes.

La única ruta en esa parte del mundo atraviesa una plantación privada de palmeras. Después de 15 minutos de castigo a mis pobres riñones en el asiento del mionca llegamos a la orilla del río Mira Imbili. Ahi, otra lancha, pero esta vez solo por 30 segundos, hasta cruzar el río.

Del otro lado, otro flete. Acá nadie tampoco sabía nada de ningún seio.

Arreglamos el precio con el segundo flete (ni siquiera pienso alagarme pensando que cada uno de estos tipos no me durmió con los precios). Cuando el fercho me preguntó hacia dónde iba, le dije que mi destino final era Cali. Todos estuvieron de acuerdo que debía emprender camino a Pasto para llegar eventualmente a Cali. Inclusive uno de ellos (sin olvidar su sonrisa burlona) me dijo que allá me iban a sellar (seiar) el pasaporte.

Asi que el flete me llevó hasta una ruta de verdad (pavimentada y todo) en donde debía esperar un bondi que me llevara a Pasto. El resto de mis compañeritos de viaje iban en sentido contrario hacia Tumaco.

Habré esperado unos 40 minutos deshidratándome a un sol que parecía estarse vengando de mi por algo. Demostrando lo iluso y turista que soy, fui a un almacén y pedí una botella de agua mineral.

-No señor, aca el agua viene solo en bolsita.

Efectivamente, acá el agua solo viene en sachet. Tratando de no pensar en terminos de microbiología, me compré un sachet, por que prefiero vomitar a deshidratarme.

No mucha más tarde, pasó un pan lactal con un cartel que decía Pasto.

Fueron 5 horas de viaje con todos mis bártulos encima. Ah! sin contar los 40 minutos que el chofer para para almorzar.

Finalmente (?) llegué a Pasto a las 3PM, pensando que la Odisea había terminado. Que equivocado que estaba!

TO BE CONTINUED...